El Juego de los Idiotas

miércoles, agosto 16, 2006

Extraña tarde de verano



Pese a todo desconfié. Todo indicaba que algo raro estaba sucediendo en esa noche del mes de agosto. El cielo estaba rojizo al más puro estilo de leyenda bequeriana y un viento cálido movía las hojas de la alameda que llevaba hasta el cementerio. Mombuey no es un pueblo que se caracterice por las mil y una maldiciones de los pueblos de la Galicia cerrada, por lo que sus habitantes desconfían antes de dejarse llevar por las fantasías. Pero ese día, algo era diferente… costaba respirar en los aledaños de la villa.
Nos remontamos al verano de 2004, a un día de la segunda quincena del mes de agosto. Todo comienza con el entierro de uno de los vecinos más conflictivos del pueblo. Su muerte, un suceso trágico en un embalse cercano. Repentinamente, durante las últimas palabras del cura, una nube descarga encima de los que asistíamos al funeral. Sin tiempo de mirar al cielo, un rayo ilumina toda la sierra colindante al campo santo. Sin mediar palabra, los asistentes abandonan el lugar.
Pasadas las horas, un grupo de niños juegan y montan en bicicleta en el parque que se sitúa por debajo del cementerio. Uno de ellos, de poca edad, se sorprende al mirar el cielo. Un tono rojizo parece fluir de la nube que sobrevuela el campo santo. El chaval corre hasta el bar más cercano a contar lo visto a uno de los jóvenes del pueblo. Éste, sin acabarse la cerveza de turno se dirige hacia el lugar de los hechos y observa como el cielo muestra un color infernal… quién sabe si fruto de los bonitos atardeceres estivales.
Algún lugareño graciosillo mencionaba el ya famoso “El cielo caerá encima de nuestras cabezas”, al más puro estilo de Asterix el galo.
Con la noche, el tono del cielo continuaba inamovible, pero el sol hacía horas que había desaparecido. Del firmamento unas luces extrañas surgían poco a poco y permanecían inmóviles sobre la necrópolis. Ahora el interés ya no era cosa de niños. Jóvenes y adultos miraban el cielo y buscaban la localización exacta del fenómeno.
Las pandillas de chicos se desplazaban hasta el lugar. Los destellos ahora avanzaban con ritmo irregular alejándose del municipio. Algún meapilas emulando a Fox Mulder en Expendiente X, ya estaba avisando al Ejército del Aire…
Mientras tanto, la noche se veía interrumpida por una serie de flashes, que sólo hacían que acentuar la fantasía de los presentes. Hubo incidentes con diferentes coches: motores que no arrancan, volantes que se giran… y algún que otro suceso difícil de explicar.
Al final, tal y como apareció, la luz se esfumó sin dejar ni rastro. Por su parte, el color rojizo del cielo había sucumbido ante el velo de la noche. Los más crédulos hablaban de ovnis y los más fantasiosos del espíritu del difunto… pero de hecho, la prensa local se hizo eco de lo acontecido -“Extrañas luces recorren el cielo de la Sierra de la Culebra”… pero que quieren que les diga… yo no lo tengo claro. Pese a todo desconfié.

J.J.López

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