Estafadores y usureros

Qué gran mentira lo de las rebajas. Estoy harto de las semanas fantásticas, días de oro y demás milongas que se inventan algunos comerciantes para darnos gato por liebre.
Mary la Collares y Laurita la Pija se pasan el año esperando las susodichas para comprarse esa camiseta super mega guay tasada en 30 euros y que pasará a costar los 29,99999… euros de turno. ¡Uf, tía! ¡Vaya rebajón! ¡Valientes imbéciles! No se dan cuenta de que son unas víctimas más de esos buhoneros disfrazados de corderos que ponen la sonrisa cuando ven a semejantes ejemplares introducirse en su peculiar matadero acondicionado con esa música pegadiza que dice compra, compra.
Son estafadores sin escrúpulos, que ríase de Julián Muñoz en Marbella. Buscan todo tipo de tretas y artimañas para convencer al cliente de que sus existencias son las mejores. Sin embargo, no se puede clasificar a todos por igual. Hay una tipología muy diferenciada entre estos maestros de la labia y las adulaciones.
El primero, sería el ya citado sonrisa Profiden, que parece salido de un anuncio de compresas de lo feliz que se siente al ver como el cliente se marcha con la correspondiente clavada entre pecho y espalda. El segundo, sería el típico pesado. Si, ése que parece tan agobiado y que está dispuesto a rebajarte dos cochinos euros para que te tomes un café…¡y tú tan contento! Pero, sin duda alguna, el tercero es el peor. A este robalatas le trae sin cuidado lo que tú hagas en la tienda. Se trata de un empleado que no entiende de modales, colocado en ese puesto por ser cuñado de la Melencia. Cada cosa que te muestra es un segundo que le estás quitando de hojear su revistita de los cojones.
Asi que viendo el panorama, Mary y Laurita, como dos analfabetas redomadas, que se piensan que lo de ocultarte los precios previos al periodo de rebajas es parte del esconderite leré, se marchan a su casa a la espera de una nueva edición de compras.
Por favor, cuentos chinos, pero con modales.
J.J.López
Mary la Collares y Laurita la Pija se pasan el año esperando las susodichas para comprarse esa camiseta super mega guay tasada en 30 euros y que pasará a costar los 29,99999… euros de turno. ¡Uf, tía! ¡Vaya rebajón! ¡Valientes imbéciles! No se dan cuenta de que son unas víctimas más de esos buhoneros disfrazados de corderos que ponen la sonrisa cuando ven a semejantes ejemplares introducirse en su peculiar matadero acondicionado con esa música pegadiza que dice compra, compra.
Son estafadores sin escrúpulos, que ríase de Julián Muñoz en Marbella. Buscan todo tipo de tretas y artimañas para convencer al cliente de que sus existencias son las mejores. Sin embargo, no se puede clasificar a todos por igual. Hay una tipología muy diferenciada entre estos maestros de la labia y las adulaciones.
El primero, sería el ya citado sonrisa Profiden, que parece salido de un anuncio de compresas de lo feliz que se siente al ver como el cliente se marcha con la correspondiente clavada entre pecho y espalda. El segundo, sería el típico pesado. Si, ése que parece tan agobiado y que está dispuesto a rebajarte dos cochinos euros para que te tomes un café…¡y tú tan contento! Pero, sin duda alguna, el tercero es el peor. A este robalatas le trae sin cuidado lo que tú hagas en la tienda. Se trata de un empleado que no entiende de modales, colocado en ese puesto por ser cuñado de la Melencia. Cada cosa que te muestra es un segundo que le estás quitando de hojear su revistita de los cojones.
Asi que viendo el panorama, Mary y Laurita, como dos analfabetas redomadas, que se piensan que lo de ocultarte los precios previos al periodo de rebajas es parte del esconderite leré, se marchan a su casa a la espera de una nueva edición de compras.
Por favor, cuentos chinos, pero con modales.
J.J.López


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