Héroes Anónimos

Comúnmente el héroe posee habilidades sobrehumanas o rasgos de personalidad idealizados que le permiten llevar a cabo hazañas extraordinarias y beneficiosas. Esto es lo que dice el diccionario de este ser, pero no hace falta buscar en la mitología o el folclore para encontrar este tipo de personas.En Villada, el número de ciudadanos que se entregaron a la labor de ayudar a las víctimas pueden contarse por centenares. A estos héroes se les pudo ver en los lugares donde sucedió el accidente, en los traslados a los hospitales y en todo aquel sitio donde alguien reclamaba ayuda.Sus casas, su comida y todos los demás servicios imaginables se convirtieron durante unas horas en un peculiar hospital de campaña que prestó todos las ayudas necesarias a los afectados.
CRONOLOGÍA. Poco antes de las 16 horas, cuando la mayoría de los vecinos de la zona se disponían a echarse la siesta, un estruendo les alteró. Al sónido le siguió una oleada de gritos escalofriantes que hicieron que los vecinos de la zona saliesen de sus casas a averiguar lo ocurrido.La primera en ver lo que había sucedido fue Verónica Fernández. Esta vecina paseaba con su hijo y su perro cuando advirtió una nube de humo que lo inundaba todo y que no dejaba ver nada. «Al principio pensé que los trabajadores de Renfe habían sufrido un accidente o que se trataba de un derrumbe de algún muro». Sin embargo, poco a poco, esa nube de humo dió paso al horror, y los restos del tren que realizaba la ruta Galicia-País Vasco aparecieron de la nada. Casi sin darles tiempo a reaccionar, corrió a su casa a avisar a las emergencias. Su hijo de cinco años aún pregunta que es lo que ha sucedido.Mientras tanto, en otro lugar cercano a la vía, Cayo Espinel, se disponía a echar una cabezadita cuando el estruendo se lo impidió. En un abrir y cerrar de ojos se encontraba con su sobrino golpeando las ventanas y puertas del tren para sacar a la gente. No podían imaginarse lo que se iban a encontrar allí. «En el primer vagón rompimos la puerta y los cristales con ayuda de un tubo y de los martillos que llevaban los obreros de Facundo. La gente salía como podía. La mayoría estaban idos y muy asustados», afirma Cayo. Lo peor llegó cuando alcanzaron el vagón arrastrado tras el descarrilamiento. «Al romper la ventana vimos a personas atrapadas y en muy mal estado, apenas podía contener la impotencia por no poderles ayudar». La chapa y los propios asientos del tren habían dejado, por lo menos, a cuatro viajeros atrapados. «Uno de los chicos ingresados en Valladolid me decía que le quitara los cables, pero no tenía ninguno. Menos mal que no vió que debajo de él se encontraba un hombre degollado por una chapa». Pese a este panorama, Cayo y su sobrino estuvieron ayudando cerca de cuatro horas a los servicios sanitarios. «Lo primero que se me vino a la cabeza es el 11-M, no daba crédito a lo que estaba sucediendo en mi pueblo».Poco tiempo después del estruendo, Jonatan Urruzola, trabajador de Facundo, alertado por los chóferes de los camiones, salió corriendo tras ver el estado del tren. «Me dirigí a uno de los vagones que estaba encendido y junto con otros compañeros, martillo en mano, rompimos las puertas y las ventanas para sacar a las personas». El mismo trabajador apenas puede contener las lágrimas hablando de la impotencia al no poder rescatar a todos.inolvidable. En la zona de las viviendas de Renfe, no podrán olvidar lo sucedido en la tarde del 21 de agosto cuando ese sonido del tren, que tan a menudo les desvela el sueño, se convirtió en un verdadero estruendo que acabó con la vida de seis personas y dejó secuelas en más de 400.Para el recuerdo, lo que debe perdurar son los cientos de personas, hombres, mujeres y niños que dejaron a un lado todo para trabajar al unísono en pro de unas personas que, sin comerlo ni beberlo, se encontraron con el infortunio. Gracias por esta lección de solidaridad. Gracias por ser unos verdaderos héroes.
J.J.López


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